OPINIÓN – Plutocracia | Malvinas, la mentira soberana de Milei
El pasado 2 de abril se cumplieron 44 años de la guerra por Malvinas. La memoria de aquella gesta histórica no se reduce a una fecha ni a un acto protocolar, es una herida abierta y, al mismo tiempo, un compromiso vigente. Malvinas no solo es un territorio en disputa; es parte de una historia más profunda, de una identidad que atraviesa generaciones y que sigue interpelando a la Argentina en su conjunto.
El 2 de abril de 1982 Argentina decidió romper a cañonazos con 150 años de dominio colonial sobre nuestras Malvinas.
La reivindicación de nuestros derechos soberanos no es un gesto vacío ni una consigna repetida. Se sostiene en fundamentos históricos, geográficos y jurídicos que Argentina defendió desde siempre. Pero también se sostiene en el recuerdo de nuestros soldados, los que lucharon y dieron su vida y los que regresaron y son testimonio viviente de que el combate continúa, no con las armas sino en el campo de la cultura, la politica, la historia, la memoria colectiva y la diplomacia. Los diversos actos de este año indican que la causa Malvinas sigue siendo un punto de encuentro.
“SER O NO SER, ESA ES LA CUESTIÓN”.
La frase de este subtítulo proviene de la tragedia Hamlet escrita por el inglés William Shakespeare. Lejos de ser una frase poética resume un dilema filosófico existencial. Aplicada metafóricamente a este momento de la Libertad Avanza, Javier Milei debe decidir entre morir o vivir y decidió, el jueves pasado, dar el último manotazo del ahogado.
Por eso la pregunta tiene sentido: ¿el anuncio de las sanciones contra las empresas que van a extraer, es decir robar, petróleo en el Atlántico Sur es parte de un “encuentro” real con la causa Malvinas?
El presidente, que admira a Margaret Thatcher, Winston Churchill y Ronald Reagan y al mismo tiempo reivindica al dictador y genocida chileno, Augusto Pinochet quien brindó ayuda y apoyo informativo y logístico a los piratas durante la guerra de Malvinas en 1982, no es creíble.
Sin embargo, para mi sorpresa, un ex combatiente dijo que es necesario “apoyar” las medidas políticas “correctas” en relación a Malvinas. “Cosas veredes, Sancho que farán fablar las piedras”.
LA CONTRADICCIÓN ENTRE EL DISCURSO DE “LIBERTAD” Y LA ENTREGA.
Tras su llegada al gobierno, Milei se arrojó a los brazos del zar norteamericano, Donald Trump y del exterminador y genocida Israelí Benjamín Netanyahu. El anarcocapitalista, títere de las políticas del yanki y del israelí, hace que todas sus medidas y decisiones internas y externas sean funcionales a la geopolítica mundial del amo del norte. Esperanzado en la idea de que EE.UU podría cambiar su política respecto de Malvinas y apoyar a la Argentina en su reclamo, Milei salió rápidamente a subirse a ese colectivo, pero… Trump, que es loco pero no estúpido, o quizás sí, vaya uno a saber, ya desmintió a Milei: “Javier es un buen chico pero no sabe de lo que habla, Inglaterra es nuestra nación hermana, jamás estaríamos contra ellos”. Más claro échale agua.
Milei articula toda su identidad en torno a la “libertad” pero adopta una postura de subordinación y se arrodilla frente a los centros de poder. Escandalosamente, ante la pregunta sobre Malvinas de una periodista extranjera, el presidente aceptó que el Reino Unido puede hacer lo que quiera con las islas legitimando la ocupación británica en nuestro territorio, más aún, su gobierno reclamó que en el partido con Inglaterra durante el mundial no se llevaran banderas alusivas. Afortunadamente en nuestro pueblo la creatividad y la imaginación es abundante y el trapo con la frase “La Malvinas son Argentinas” saltó a la cancha y dio la vuelta al mundo. Los piratas salieron rabiosos de bronca a protestar, no sólo por el trapo sino porque perdieron el partido y los dejamos afuera del mundial.
LA RECONSTRUCCIÓN DE ARGENTINA EXIGE TERMINAR CON ESTE GOBIERNO COLONIAL.
La enfermedad “electoralista” del campo nacional y popular impide elaborar y proponer un proyecto integral para volver a ser un país creíble y de proyección continental.
Defender la causa de Malvinas hoy significa luchar por una Nación soberana con industria, educación, ciencia, tecnología, energía, infraestructura, trabajadores calificados y capacidad para decidir sobre sus recursos estratégicos.
No desde la nostalgia vacía, sino desde la convicción de que la soberanía se defiende con memoria, con diplomacia y con una sociedad que no olvida. Porque Malvinas no es solo pasado. Es presente y es futuro. De lo contrario nuestra condición de colonia del siglo XXI se va a consolidar.


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