APUNTES PERONISTAS (IX) | Los 18 años de resistencia y exilio.|(Parte III) – La agresión al pueblo y la respuesta insurgente.

TrelewPor Daniel do Campo Spada
(TV Mundus – CEDIAL)

Casi simultáneamente al derrocamiento de Juan Perón, en el mundo se empezaron a dar movimientos armados liderados por militantes políticos. El ramillete de dictaduras del continente alentaba una respuesta desde abajo ante una violencia desde arriba dirigida desde los cuarteles del Pentágono estadounidense. La incipiente revolución cubana era solo un ejemplo ya que las guerrillas en Colombia y hasta en Brasil mostraban cómo la Guerra Fría agudizaba las contradicciones. La “alianza” entre los potencias para vencer a Adolfo Hitler duró apenas unos años, cuando Estados Unidos y la Unión Soviética empezaron a repartirse geográficamente el mundo. Aunque Washington y Moscú ayudaban en secreto a los que coincidían con sus lineamientos, había impunidad en la represión en su propio “patio trasero”.

 El derrocamiento del gobierno más popular del siglo XX fue el germen con el que muchos peronistas empezaron a considerar que el retorno a la democracia podía tener como camino la lucha armada. John William Cooke coordinaba la resistencia peronista, pero un sector, que estaba integrado entre otros por Félix Sarravale comenzó a imaginar una acción armada directa y crearon el Grupo Uturrunco, basado en una leyenda quechua que relataba que durante las noches un hombre se convertía en un puma para combatir a los españoles.
El 24 de diciembre de 1959, mientras se celebraba la Nochebuena, tomaron una Comisaría en Frías, en la Provincia de Santiago del Estero, a pocos kilómetros de Catamarca. El grupo de unas treinta personas, repartidas entre santiagueños y varios tucumanos doblegaron a la decena de policías durante al menos media hora. Se llevaron las armas que estaban allí y algunos relatos sin confirmación dicen que les hicieron cantar la Marcha Peronista. Es probable que algunos de ellos en realidad fueran peronistas y vieran la acción con simpatía.
A los pocos meses, tras insertarse en la selva tucumana para esconderse, se fueron desmembrando en base a quienes no aguantaron la rigurosidad de la naturaleza y los que aún no estaban convencidos de la empresa. En algunos casos, los propios padres de los más jóvenes les pedían por radio (lo único que podían captar mediante los primeros aparatos portátiles) que se entregasen y volvieran a sus familias. Esa sensibilización los fue desarmando sin disparar. Muchos cayeron detenidos en retenes de ruta o quizás por delaciones. La primera guerrilla peronista formal había fracasado. No era el primer intento ni sería el último tampoco. Muy por el contrario, porque los que vendrían después tendrían muchísima más contundencia.

Banner_Historia_Apuntes_Peronistas Los documentos disponibles sugieren que Perón ordenó una resistencia de desgaste y sabotaje a la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu aunque en el aire han quedado versiones que indican que cuando el líder nombró a John William Cooke como su delegado sucesor (ante la eventualidad de un atentado que no fallara porque hubo varios fallidos) este ideó una operación de invasión por tierra desde Chile. Esa supuesta acción se la conoció como Operación Elefante, pero la imposibilidad de contrastación testimonial nos obliga a dejarla en una carpeta de posibilidades.

Para hablar de los ´60, una revista se convirtió en referencia1. Cristianismo y Revolución puso mucho énfasis en la reproducción completa de documentos de congresos o plenarios de varias organizaciones populares. Aunque las predominantes son las de origen peronista y cristiano, estuvieron presentes además muchas agrupaciones obreras y organizaciones guerrilleras. La revista fue al mismo tiempo que un publicación politizada, una herramienta útil para la difusión de planteos que no tenían otra forma de distribución más que la acción de la voluntad del militante con todo lo que ello implicaba en alcance. La publicación se convirtió en un puente en un momento en que la censura reinaba en los medios gráficos y en los electrónicos, entre los que la naciente televisión apenas si superaba un nivel básico de entretenimiento.
Al respecto, su clara identificación con el Peronismo Revolucionario hizo que en el número doble 6-7, de abril de 1968 publicaran un recorrido de los documentos que marcaban ya no una resistencia a la prohibición del justicialismo por parte del régimen de Onganía sino que además apelaba a la acción enumerando tres momentos históricos: 1) El Documento de Huerta Grande de 19622, 2) La Declaración de Tucumán de 19663 y 3) La Acción Revolucionaria Peronista de 19674. El llamado a la acción era claro y no dejaba lugar a dudas ya que el último de los documentos referidos manifestaba que “la posibilidad de la guerra revolucionaria solo puede demostrarse mediante la guerra misma. (…) En cuanto a la práctica concreta que preconizamos, es allí donde se nos refuta con un Niágara de razones técnico-militares a las que no podemos dar demasiada importancia: ninguno de esos teóricos ha liberado ni ha intentado liberar país alguno; todos se reservan para epopeyas lejanamente gloriosas y seguras5”.   Tampoco quedaba mucho margen fuera de la acción directa por las armas cuando expresaba que “toda la guerra se apoya y tiene como eje el frente guerrillero. (…) La guerrilla detona la resistencia en las ciudades y moviliza a las masas. La lucha en las ciudades, sin negar la indudable importancia que tiene en países como el nuestro, debe responder a la estrategia de la guerrilla y a sus necesidades de crecimiento”6.
La revolución cubana, fresca en las mentes de los latinoamericanos que vivían bajo dictaduras muy similares al modelo pro-norteamericano de Fulgencio Batista llevaba a una apresurada comparación de realidades en las que se buscaba repetir las experiencias sin atender las particularidades de cada país. “Hay dos puntos sobre los que gira la controversia. Descontando que la acción revolucionaria debe adaptarse a las condiciones particulares de cada país ¿puede formularse una estrategia de conjunto para América Latina? ¿La lucha armada es no la única vía que permite terminar con la dependencia y la explotación? De existir otras, ¿cuáles son?”7.
Claro que en el número 6-7 se privilegió el programa político de la Declaración de Huerta Grande, quedando la acción guerrillera como medio para llegar al modelo esgrimido por las 62 organizaciones combativas, que en 1964 reformularía el Movimiento Revolucionario Peronista.

El Movimiento Peronista Revolucionario lo convierte en plan de acción.

Junto al documento de Huerta Grande le siguió uno que en 1964 estableció las líneas de acción del Movimiento Revolucionario Peronista (MRP) que bajo la declaración de principios enumeraba que: 1) El peronismo era un movimiento revolucionario, 2) El proceso de liberación nacional comenzaba durante el gobierno del General Perón, 3) La falta de un nexo entre Perón y el pueblo al morirse Evita, permitió que la burguesía copara el poder, 4) El proceso de liberación quedó trunco con el golpe de 1955 por culpa de la burguesía y la burocracia del movimiento, 5) Una burocracia débil permitió una nueva traición al pueblo en 1958 y 6) En 1962 se comenzó a quebrar esa alianza nefasta con el frondizismo.
Por ello sostenían que habían llegado a un punto en el que “los mercaderes” del movimiento debían ser desplazados y que la lucha revolucionaria se tenía que dar en todos los niveles por lo que el movimiento debía desprenderse de todos los elementos regresivos tanto de adentro como de afuera. De esta forma quedaba plasmada una nueva orientación que abría desde una visión autocrítica el espacio hacia una lucha intestina que se consumiría los siguientes diez años del peronismo. Dos modelos de país, totalmente antagónicos ya se reconocían como distintos aun en plena resistencia y proscripción8.

La acción revolucionaria peronista.

“¿Fue el golpe de junio de 1966 un cuartelazo del imperialismo?”. Con esa provocadora pregunta comienza un análisis de situación del peronismo revolucionario emitido en un documento de Julio de 1967 que CyR reprodujo en abril de 19689. La descripción que hacía de las fuerzas armadas y el rol que los militares creían cumplir (no solo en la década del 60) es profundamente abarcadora. Por ello amerita su transcripción:
“…para ellos la política es algo que hacen los políticos, los militares en cambio no hacen política: son vicios del pensamiento político civil, mientras que los militares se guían por los ideales de la Patria. De la misma manera, sus intereses no son los suyos ni los representativos de las clases dominantes, sino los intereses supremos de la Nación. No hacen demagogia sino recta administración; y se sienten predestinados para vírgenes vestales del orden social amenazado por una oscura conspiración internacional encabezada por el castrismo”10.
La nota-documento continúa con una evaluación puesta en boca de los militares y sus aliados de la burguesía que comenzaron a darse cuenta que el peronismo no era simplemente algo pasajero y que a pesar de estar su líder prohibido y en el exilio sin control de las herramientas del Estado, el justicialismo no solo no perdía presencia sino que por el contrario seguía ganando el favor de los ciudadanos aún a pesar de una represión que iba ganando en capacidad organizativa. Pretendiendo que las Fuerzas Armadas estaban por encima del resto de la sociedad creían que la debilidad de ellos en el poder era consecuencia de una crisis interna en una estructura que es esencialmente verticalista y para nada deliberativa.
El llamado a la acción revolucionaria se tomaba como la única vía que permitía la dictadura de Onganía, que había llegado para quedarse veinte años y reformar completamente la sociedad bajo sus ideales de diferencias de clases. “El régimen ha clarificado las cosas. Y bien, no hemos de acompañar a nadie que crea que la consigna es luchar por el retorno de las semilegalidades o democracias a medias. Habrá violencia reaccionaria hasta que pueda ser derrotada por la violencia revolucionaria. O dictadura del privilegio o liberación nacional. O los militares pentagonales o el poder del pueblo”11.
Al cierre del documento se trazaba la necesidad de reconocer las particularidades de la revolución en cada país y que en el caso de la Argentina pasaba no solo por la formación de un ejército popular sino de considerar el carácter urbano de la mayoría de la población y de la presencia importante del movimiento obrero. Ello no dejaba afuera la necesidad de articular acciones en conjunto con el resto de América Latina12.
El cierre del documento determina que: 1) todo el esfuerzo de las organizaciones revolucionarias debe ser para la guerra, 2) la capacidad para desatar y conducir la guerra reside en la identificación y combativa de sus cuadros políticos militares y 3) toda la guerra se apoya y tiene como eje el frente guerrillero13.

Taco Ralo.

Un grupo de jóvenes peronistas que habían decidido combatir a la dictadura de Onganía desde las armas fueron sorprendidos en uno de sus primeros entrenamientos guerrilleros en la Provincia de Tucumán. El destacamento “17 de Octubre” salió a caminar a las cuatro de la madrugada para entrenarse en el monte, frente a los mosquitos y un paisaje exuberante. No llevaban armas porque aún estaban preparándose física y logísticamente cuando un grupo de casi cien policías que buscaban contrabandistas se encontraron con la columna. No hubo resistencia a pesar de lo cual fueron incomunicados casi un mes sometiéndolos a torturas crueles ya que los policías buscaban confesiones de un tema o crímenes de los que ellos eran totalmente ajenos. Esto lo relataron en una carta que enviaron a CyR en el que se presentaban como integrantes de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP)14.
En la carta escrita desde la cárcel afirmaban pertenecer “… a la nueva generación peronista nacida a la lucha en medio del estruendo de las bombas asesinas del 16 de junio de 1955 en Plaza de Mayo y los fusilamientos del 9 de junio de 1956 del general Valle y sus valientes compañeros”, trazando además una línea histórica con “muchos de nuestros compañeros -Felipe Vallese, Mario Bevilacqua, Marcial Martínez, Santiago Pampillón y muchos más- que pagaron con su vida la LEALTAD de nuestra generación a la CAUSA DEL PUEBLO”15.
En el número 25, CyR dedicó una nota especial en la que describió profundamente a las FAP. En doce preguntas editadas en forma de cuestionario recorrieron afinidades ideológicas y contradicciones de clase ya que el grupo planteaba que en el primer peronismo la dirigencia fue esencialmente burguesa, pero que la resistencia en lucha había permitido decantar a la burguesía que se fue derivando hacia otros proyectos. “El movimiento peronista está constituido esencialmente por la clase trabajadora. El peronismo es la mayor y más clara identificación de clase de nuestro pueblo. A su vez el antiperonismo identifica a la oligarquía”16. La identificación con la clase obrera como eje fundamental se repitió en cada párrafo al tiempo que propugnaba la participación del pueblo en una guerra prolongada que derivaría en economías de tipo socialista “porque para los países latinoamericanos la existencia del imperialismo yanqui (dixit) condiciona la actitud de las oligarquías nativas de tal manera que, alcanzar los objetivos de la liberación nacional sólo es factible con la liquidación de las estructuras capitalistas”17.
En ese reportaje institucional (respondían “las FAP”), entendían que el fracaso de Taco Ralo estuvo enmarcado dentro de lo que la Revolución Cubana había despertado en los demás movimientos populares del continente, pero que al mismo tiempo no significaba “que en nuestro país se dé por fracasado el método de la guerrilla rural. Las características específicas de la Argentina, grandes concentraciones urbanas por un lado, y zonas geográficas y políticamente aptas para la lucha rural, por otro, determinan que la lucha armada se ha de verificar tanto en el terreno rural como en el urbano”18. La nota se coronaba con la transcripción de una carta de Juan Domingo Perón felicitando el esfuerzo de la organización guerrillera.

Salta y el homenaje a Masetti.

Ante el reverdecer de la experiencia guerrillera como una posibilidad de repetir la revolución cubana la Unión de Periodistas de Cuba le rindió homenaje al periodista argentino Jorge Ricardo Masetti quien murió en 1964 en la Provincia de Salta tras haber tenido una destacada participación en la historia reciente de la isla. En 1957 se había embarcado hacia la Sierra Maestra con la intención de entrevistar a los todavía bastante desconocidos Fidel Castro y Ernesto Guevara (que aún no era conocido como el “Che”). Trabajando para LR1 Radio El Mundo de Buenos Aires realizó una dura travesía para llegar a los destacamentos guerrilleros en pleno monte19. Con equipos precarios de onda corta intentó transmitir desde allí para que en la capital argentina tomaran las declaraciones de los líderes revolucionarios.
Al desandar el difícil trayecto que implicaba no solo los obstáculos naturales sino también las fuerzas represivas del dictador Fulgencio Batista se enteró desde La Habana que en su país no le habían difundido ninguno de los reportajes. Por vía telefónica no le confirmaron si es que no los emitieron o que no los habían recibido. Convencido del valor histórico de las acciones del Movimiento 26 de Julio volvió a hacer el mismo camino pero munido de un grabador de cinta abierta. Esto inquietó a los guerrilleros porque si en algún momento del trayecto hubiera sido atrapado habría significado su directa sentencia de muerte. Masetti sabía que tener la cinta magnetofónica era el único reaseguro de llevar la palabra de quienes eran un motivo de entusiasmo para sus proyectos futuros. Al regresar a la Argentina publicó el libro “Los que luchan y los que lloran”, una obra canónica del periodismo.
Cuando la revolución cubana triunfó, viajó a La Habana con la familia del Che a pedido de este que lo llamó para que los ayude con el tema prensa. Fundó la Agencia de Noticias Prensa Latina y la dirigió hasta el fallido ataque norteamericano a Playa Girón tras lo cual emprendió su experiencia guerrillera en la Provincia de Salta. Tras haber prestado sus servicios y haber vivido desde adentro la gestación de la Cuba socialista sentía que ese es el camino para la Argentina. “He tenido la dicha de ser testigo de todo eso y de participar en algunos acontecimientos que ya son parte de la Revolución Cubana. Qué me resta ahora, sino la más sagrada obligación de practicar lo aprendido. El hecho de haber sido testigo y protagonista a veces junto a otros compañeros de hechos que constituyen eslabones de la Revolución Americana, hace que sea ineludible para mí no otro camino que el de la Revolución”20.
La nota de referencia, un servicio especial de Prensa Latina, la misma agencia de noticias que él había creado, cerraba con un párrafo de Masetti que describía fielmente la injusticia existente que alentaba un intento revolucionario. “…los otros días llegamos a un ranchito. Había tres criaturas. Dos de ellas huérfanas y una muy enferma. Vomitaba todo lo que comía. A los huerfanitos les habían hecho matar el padre unas semanas antes el ´hombre fuerte ‘de la zona, que representa en la zona los intereses del amo, un testaferro. La madre había muerto no sabían de qué. Y la chiquita enferma, ´ya está lista para el hoyo, como los dos hermanitos que murieron así´. Y esa gente lo decía con resignación, como si hablasen de algo inevitable. Nuestros médicos le dieron antibióticos a la chiquita. Cuatro días después la chiquita comía su maíz sin problema”. Allí Masetti desliza el recuerdo para su hija cuando escribe “…yo pensé en mis hijos, a ellos solo les falta el padre. Pero por ese sacrificio, cuantas Lauritas podrán seguir viviendo”21.
Algunos meses después el periodista argentino perdió la vida presuntamente en un combate contra militares del ejército en pleno monte. Su cuerpo aún no ha sido hallado y la fecha que se ha fijado como la última de tan prolífica vida es el 21 de abril de 1964.
Cuando la guerrilla agonizaba por falta de alimentos, fueron atrapados 30 combatientes en las inmediaciones de Orán en la Provincia de Salta. Gendarmería no tuvo resistencia alguna dado el lamentable estado físico del grupo. Todos fueron sometidos a torturas y dos de ellos (Jouve y Méndez) fueron juzgados en función a los escritos del diario de campaña de su compañero Hermes Peña, quien los hacía responsables de un ajusticiamiento en plena selva. “… Según un presunto diario que los gendarmes sostenían haber encontrado en la selva y sin testigos y que pertenecería al capitán guerrillero Hermes Peña, tanto Jouve como Méndez serían responsables de la también presunta ejecución del guerrillero Nardo. De acuerdo con ese diario, Hermes -muerto en combate contra una emboscada gendarme junto al guerrillero Jorge- habría cometido la siempre presunta ejecución mientras que Jouve y Méndez habrían integrado un supuesto tribunal que condenó a Nardo”22.
Con los mencionados se dio uno de los casos más particulares en la historia de la justicia argentina, ya que al apelar su sentencia de 14 años para Jouve y 18 para Méndez años recibieron como respuesta de la Cámara Federal de Tucumán la extensión de la condena a perpetua.

Montoneros.

Una de las organizaciones que mayor difusión alcanzó fue Montoneros. Los motivos son diversos, pero es más que probable que pudiera articular la capacidad de movilización fundamentalmente de las juventudes, la red de medios de comunicación que pudo construir y su reconocimiento internacional como la cabeza de una acción revolucionaria. Las variantes de la resistencia armada fueron muchas pero esta pudo sintetizar incluso la voluntad de miles de ciudadanos que los veían como la posibilidad de un mundo menor.
El fenómeno Montoneros es muy complejo y ha dado a la luz a miles de producciones periodísticas, académicas y militantes y por ello es un hecho arriesgadísimo intentar sintetizarlos en algunos párrafos. Pero en este escrito la intención es lograr al menos una ventana de divulgación fundamentalmente para aquellos a los que estos hechos le quedan más de medio siglo atrás.
Eduardo Firmenich (1948) y Fernando Abal Medina (1947-1970) eran activos participantes de los retiros religiosos en los que se congregaban varios alumnos del Colegio Nacional Buenos Aires y de otros Institutos de prestigio de las familias de clase media acomodada. Junto a Norma Arrostito (1940-1978) que no respondía a los mismos fervores religiosos fueron los dirigentes emergentes de un movimiento de masas que no solo fue algo militarizado sino que se desplegó en militancias de base, territoriales, sindicales, intelectuales y estudiantiles con gran incidencia en la poderosa y masiva Juventud Peronista. El Movimiento Villero Peronista, la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), la Juventud Universitaria Peronista (JUP) entre otras organizaciones fueron fogoneadas desde el Movimiento Montonero.
Además, estableció una importante red de medios de comunicación, fundamentalmente gráficos tales como las revistas Evita Montonera23, Descamisados24, a lo que hay que incluir el diario Noticias que marcó una época en el periodismo. Luego del 76, tras el golpe de Jorge Videla incluyeron el pretencioso proyecto de la radio de onda corta Radio Noticias Continente (RNC)25.
Un sector importante de sus impulsores provenía de Tacuara, que curiosamente era una agrupación nacionalista de derecha, desde donde luego evolucionaron hacia una izquierda montonera en donde las categorías marxistas fueron tomadas en cuenta. Carlos Ramus, Horacio Mendizábal, Rodolfo Galimberti, Dardo Cabo y el conocido escritor y periodista Rodolfo Walsh nutrieron al movimiento que tuvo un ascendente muy poderoso en poco tiempo.

El 29 de mayo de 1970 hicieron una presentación en sociedad al secuestrar bajo un engaño al dictador Pedro Eugenio Aramburu (1903-1970). De su propia casa y simulando ser cadetes, se lo llevaron a la Estancia “La Celma” en la localidad de Timote. El grupo que ejecutó la Operación Pindapoy se llamaba Comando Juan José Valle en homenaje al General que el tirano ordenó fusilar en 1956 durante la Revolución Libertadora.
En un juicio revolucionario fue encontrado responsable de 108 cargos de traición a la Patria, 27 asesinatos políticos y el robo del cadáver de Eva Duarte, tan cara al sentimiento peronista. Además, se sospechaba que al momento de la captura estaba a punto de dar otro Golpe de Estado. La sentencia lo condenaba a muerte y ello se ejecutó el 1 de junio de 1970. Eso desestabilizó a la dictadura de Juan Carlos Onganía (1914-1995) que renunció una semana después, el 8 de junio. Fue reemplazado por el General Roberto Marcelo Levingston (1920-2015) hasta que en marzo de 1971 tomó el poder el General Agustín Lanusse (1918-1996) quien rápidamente detuvo a más de dos mil militantes políticos de los que rápidamente condenó por terrorismo a seiscientos de ellos.

El 1 de julio de 1970, un grupo de Montoneros tomó la pequeña localidad de La Calera en Córdoba, donde la Comisaría fue reducida y sus integrantes obligados a cantar la Marcha Peronista. Según los propios militantes no solo no hubo gran resistencia sino que algunos la habían cantado con muchas ganas. El pueblo peronista anhelaba el retorno del General Perón y cualquier acción en tal sentido era celebrada aún en el miedo a las represalias.
En septiembre de ese mismo año la policía mató a Fernando Abal Medina y Gustavo Ramus (1947-1970) y en represalia Montoneros mató al Comisario Osvaldo Sandoval. Esto, en 1971 fue el principio de una tendencia hacia la militarización de la organización, lo que generó polémica hacia una gran parte de la militancia de base. Al igual que el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), los peronistas se asignaron uniformes y jerarquías propias de un ejército regular.
El 30 de junio del 71, las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), otra de las organizaciones políticas militarizadas tomó la localidad de Garín. El perfil fabril hizo que muchos de los obreros no vieran con disgusto a esos jóvenes que reivindicaban el mejor momento de los trabajadores en la historia argentina.

Militantes populares que serían fusilados en Trelew.

La masacre de Trelew.

En el marco de las acciones represivas del dictador Lanusse, en agosto de 197226 un grupo de militantes y dirigentes políticos fueron concentrados en el Penal de máxima seguridad de la ciudad de Rawson, desde donde planificaron una fuga en medio de un gran operativo con ayuda desde el exterior de la unidad que ejecutaron el 15 de agosto. Un error de coordinación en los códigos lumínicos hizo que la segunda tanda de diecinueve presos políticos fueran capturados en el camino. Solo seis lograron llegar al viejo Aeropuerto de la capital chubutense ubicado a casi veinte kilómetros de distancia y abordaron un avión que los llevó refugiados a Chile, donde gobernaba Salvador Allende27. El gobierno socialista les permitió una rápida salida hacia Cuba donde Fidel Castro les dio asilo.
Los que quedaron en tierra, con las cámaras de la televisión delante, negociaron con la dictadura que serían devueltos al Penal de Rawson y que no se tomaría represalias contra ellos. En el momento del traslado fueron llevados a la Base Naval Almirante Irizar en la ciudad de Trelew y no al lugar pactado. El 22 de agosto, una semana después de la huida fallida fueron sacados de sus celdas en la madrugada y allí mismo fueron acribillados. Murieron dieciséis y solo tres sobrevivieron. Estos últimos, Ricardo René Haidar, María Antonia Berger y Alberto Miguel Camps, testigos de la masacre de la debilitada dictadura de Lanusse fueron secuestrados y desaparecidos durante la dictadura de 1976-1983.
Entre los que lograron escapar estaban los montoneros Marcos Osatinsky (1933-1975), Fernando Vaca Narvaja (1948) y Roberto Quieto (1938-1976) junto a los troskistas del ERP-PRT Mario Roberto Santucho (1936-1976), Enrique Gorriarán Merlo (1941-2006) y Domingo Menna (1947-1976). Esta acción sembró la posibilidad de que en determinado momento las fuerzas insurgentes podrían llegar a colaborar ante el enemigo común que representaban los militares y el empresariado.

El empresariado y la ICAR como trípode del poder militar entreguista.

La purga antiperonista no solo abarcó todos los sectores que ya mencionamos sino que además incluyó a las Fuerzas Armadas donde había un sector que defendía a Perón28. La dictadura pensó que la condena al líder por 121 delitos inventados y la quita del rango castrense era aleccionadora al resto de los uniformados, pero no fue lo suficiente para evitar algunos levantamientos como el de los Generales Juan José Valle (1904-1956) y Raúl Tanco (1905-1977) en Junio de 1956. Estos no eran necesariamente peronistas pero sí defensores de un orden constitucional. El dictador Aramburu ordenó el fusilamiento del primero después de que este se había entregado con la condición de que no fusilaran a los que estaban con él. La hija de Valle fue a pedir clemencia por su padre pero el genocida no la atendió bajo la excusa de que estaba “durmiendo la siesta”. En forma oficial fueron fusilados 31 personas y otras 9 en forma irregular en un basural de José León Suárez, algo que fue relatado en la obra consagratoria de Rodolfo Walsh29.