REGIÓN – Colombia | Camilo Torres y el ejemplo de un Cristo contemporáneo.
REDACCIÓN.- El Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia identificó el cuerpo del sacerdote y guerrillero Camilo Torres. Para completar esa información republicamos dos notas que en 2011 publicamos en NoticiasCristianas, sitio web del Grupo TV Mundus. (Ver Acá)
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Por Daniel do Campo Spada.
torres_camilo.jpegLa biografía de Camilo Torres es de las más ricas entre las historias cristianas contemporáneas, pero la historia oficial ha decidido esconderla dentro del plan de adormecer voluntades. El sacerdote que un día sintió que luchar por la idea de Jesús superaba el marco de una ceremonia religiosa no dudó en abandonar su espacio de privilegio en la sociedad de su tiempo y subirse a los montes de su país donde cayó en la primera batalla como integrante de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) a pesar de ser un pacifista nato. La “…opción (guerrillera) iba en contra de su carácter. Por temperamento (y por formación) Camilo era un hombre pacífico y conciliador. (…) Su meta no era la reforma de una Iglesia al servicio de los poderosos, sino la superación de un mundo dominado por esos mismos poderosos. Tarea hercúlea y en verdad utópica”.
El colombiano Torres resume una época. Mas que una época una década brillante y trágica al mismo tiempo para el cristianismo. El Concilio Vaticano II, Medellín, el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo (MSTM) y sus similares en Perú y Colombia, fueron junto a Torres un momento en que la Iglesia de Cristo se llenó de almas como una verdadera levadura pocas veces repetidas. Muchos jóvenes cristianos, siguiendo los ejemplos de Ernesto “Che” Guevara y Camilo Torres se unieron a la decena de guerrillas latinoamericanas que pretendían un mundo mejor. El resultado fué el peor, ya que en el continente y en el catolicismo, a la trágica represión le siguieron cuarenta años de oscurantismo que en algunos casos aún perdura. Cuando Guevara intentó hacer una revolución en Bolivia, Fidel Castro le pidió prudencia y el argentino le contestó que “si no lo hacían ahora (por ese momento) habría que esperar cincuenta años”. Muchos intentos terminaron en voluntarismos vanos y de hecho, cumpliendo el cálculo ha tenido que pasar medio siglo para que gobiernos populares empiecen a enmendar las injusticias sociales. En la Iglesia el momento recién está llegando.
Pero volvamos a Camilo Torres. Nacido y criado en una ciudad cosmopolita y con gran riqueza cultural como es Bogotá, de joven incursionó en el periodismo. Hernán Brienza lo describe como “…un lector infatigable, su pasión destella cada vez que escribe y revisa las páginas del periódico El Puma que imprime en el mimeógrafo regalado por una amiga”. Pero sus inquitudes solidarias, espíritu de entrega y marcada fé religiosa lo impulsan a tomar el sacerdocio como un acto de entrega por los demás. En realidad su pasión hasta el final de su vida fue la palabra de Jesús contenida en el Nuevo Testamento y desde allí orientó toda su vida. Su familia tenía otras ilusiones para él. Buena presencia y educación hacían que en el círculo social acomodado en el que movía fuera alguien con buen futuro, aunque como Brienza relata en su libro en un campamento a la vera del Río Orinoco sintió el llamado de Dios, conectándose luego con los dominicanos, orden en la que se integró.
Cuando ya era un joven cura se graduó de sociólogo en Europa. De regreso a Colombia es docente y no puede menos que conmoverse con las injusticias sociales que ve en su país en un momento en el que desde el Bogotazo la violencia política ha sido el lenguaje con el que se mueve uno de los países más bellos de Sudamérica hasta el presente.
Aunque todavía faltaban varios años para el Concilio Vaticano II (1962-68), en la Iglesia Católica ya se daban movimientos alternativos luego clasificados como Comunidades Ecleasiales de Base (CEB) que fueron el germen para una integración de los sectores populares a una concepción nueva, no ya de limosnas sino de buscar la dignidad por el propio trabajo.
Torres fue el ejemplo vivo de curas muchos mas abiertos en la interpretación del mundo y agiornados a un momento en que el dominio de las clases burguesas locales, dirigidas e inspiradas desde Washington y su modelo capitalista excluyente era realmente morboso. Mientras las oligarquías disfrutaban de un modelo de vida que incluía suntuosos viajes al exterior, los guajiros morían de innanición en medio de la exhuberancia de la naturaleza. Semejante incongruencia de realidades abonó la búsqueda de explicaciones y soluciones. El marxismo avanzaba en la academia como en ningún otro momento y en las universidades era junto a las variantes socialistas y los nacionalismo populares la forma en que se contrarrestaba la guerra cultural que desde el Pentágono norteamericano daban desde los medios de comunicación masiva. La televisión era la punta de lanza del modelo capitalista y entraba a los flamantes hogares de clase media sudamericanos. Unos años después fueron también por las universidades.
A pesar de las advertencias de la cúpula de la Iglesia de que no debía inmiscuirse en los temas sociales, no acepta recluirse en la tranquilidad del templo y por el contrario empieza a armar una mesa en la que reunía a varios grupos con ideas parecidas denominado Frente Unido. Allí edita un semanario en el que empieza a dar cartas políticas a la clase alta, a los militares y fundamentalmente a los cristianos. A estos últimos les dice que como dice la Biblia el mensaje de Jesús no da lugar a la tibieza. “Si se es cristiano se debe ser revolucionario”.
Con su condición de sacerdote quitada por la Iglesia, se incorpora al Ejército de Liberación Nacional de Colombia (ELN) en las sierras de Santander y dada su magistral oratoria y formación académica le encargan el papel de adoctrinador, hasta que a pocos meses de incorporado exige ir también al campo de batalla, a pesar de la resistencia de la conducción de la guerrilla que lo necesitaba en ese otro lugar. En su primer combate, el 15 de febrero de 1966 muere bajo los disparos del ejército en San Vicente de Chucurí.
En menos de tres años se convirtió en un referente de muchos cristianos que trágicamente copiaron su ejemplo, creyentes en la palabra de Cristo y en que la batalla cultural era mucho más larga que las revoluciones armadas. Era una época de utopía y era difícil no creer que todo fuera posible. Inclusive el paraiso cristiano en la tierra.
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