LA ENCRUCIJADA DE LA VIOLENCIA. Estructuras y legitimidad en una Revolución.

Maya_JuanPor Juan Maya

Un dicho popular afirma que “para hacer una tortilla hay que romper algunos huevos”. Suele presentarse como un fenómeno inevitable, pero rara vez se examina la violencia con la complejidad que exige su propia historia. Más allá de las lecturas morales que tienden a condenarla o justificarla en abstracto, es imperativo entender, como bien señaló el filósofo argentino Conrado Eggers Lan (1927-1996), que la violencia no es un rayo en un cielo sereno, sino el resultado de una violencia estructural previa y silenciosa en la sociedad. ¿Qué es sino la tremenda desigualdad actual? Datos económicos recientes afirman que el 10% de los argentinos poseen aproximadamente el 70% de la riqueza del país. Si eso no es violencia, ¿la violencia dónde está?

Eggers_Lan Para Eggers Lan, el sistema capitalista no es un marco neutral, sino una estructura que, en su funcionamiento cotidiano, ya ejerce una coacción sobre el ser humano a través de la desigualdad y la exclusión.
​ Un rasgo recurrente en las experiencias revolucionarias es que sus actores parten de una posición de inferioridad política, económica y cultural. En este escenario, la violencia no suele ser la primera opción, sino una respuesta a lo que el filósofo identificaba como “la negación del sujeto”. Cuando las vías institucionales se clausuran, la irrupción violenta suele aparecer como el último recurso de una ética que busca la liberación frente a una estructura que ya es, de por sí, agresiva. No es una afirmación caprichosa o propia de una persona violenta, lo demuestra la historia. Lo vimos en la Revolución Francesa y en las gestas de independencia latinoamericanas, la fuerza emerge allí donde el diálogo ha sido sustituido por la explotación sistemática. Todas las revoluciones, no sólo las de izquierda, también las de derechas o liberales conllevaron procesos violentos. Para nosotros aún está fresco el recuerdo la última dictadura cívico-militar y sus 30 mil desaparecidos. A veces no alcanza el “diálogo” para frenar tanta violencia. Para Frantz Fanon (1925-1961), en su obra, “Los Condenados de la Tierra”, analiza el fenómeno desde la perspectiva del colonizado, el colonialismo es violencia en estado puro. Se establece y se mantiene mediante bayonetas y cañones. Por lo tanto, la respuesta violenta del colonizado no es una elección arbitraria, sino el resultado natural de un sistema que solo entiende ese lenguaje. La colonización moderna no siempre necesita de bayonetas, la colonización cultural ha ocupado su lugar, pero sin dudas es colonización.

Eggers_Lan_2LA VIOLENCIA LEGÍTIMA O ILEGÍTIMA

En las revoluciones nacionales de liberación o de izquierdas, la radicalización no se despliega en el vacío, sino que escala en función de la resistencia que encuentra el orden establecido. La violencia en estos casos sino va acompañada de una conciencia política y social está destinada al fracaso. Aquí, el concepto de alienación de Eggers Lan es fundamental, el sistema busca que el oprimido acepte su condición como algo “natural”. Como nos explica el psicópata, cualquiera es libre de morirse de hambre si quiere. La ruptura de esa alienación suele ser traumática y genera una espiral difícil de controlar. Por el contrario, las reacciones de derecha a menudo utilizan la violencia no para transformar la estructura, sino para restaurar un orden que consideran “natural”, disciplinando a los sectores que osaron cuestionarlo. Por ejemplo la represión sobre los jubilados de todos los miércoles extendida ahora también a los discapacitados y a los trabajadores de la educación, la salud y a todo aquel que pretenda ejercer su derecho constitucional a protestar.
​Ahora, hay que advertirlo, un elemento crítico es la relación entre violencia y legitimidad. Eggers Lan señalaba que ningún movimiento puede sostenerse solo mediante la coerción; se requiere una base ética que trascienda el uso de la fuerza. En situaciones de inferioridad, la violencia puede romper un equilibrio injusto, pero si no logra traducirse en una nueva legalidad basada en la justicia social, termina aislando a sus ejecutores. El fracaso de muchas experiencias no se debe solo a la inferioridad material, sino a la incapacidad de convertir la insurgencia en un proyecto de vida que supere la lógica del dominador.

eggers_lan_c._izquierda_peronismo_y_socialismo_nacionalLA CORRELACIÓN DE FUERZAS

En el análisis de un proceso de violencia revolucionaria, la correlación de fuerza no es un dato estático o una simple suma de armas. Si una persona tiene un cuchillo y se enfrenta a otra que tiene una pistola, es evidente que la correlación de fuerzas no favorece al poseedor del cuchillo, pero hay una relación dinámica, social y de alianzas políticas que determinará las posibilidades de éxito del que tiene solo el cuchillo frente al orden establecido que tiene una pistola. La fuerza material estará dada por la cantidad de combatientes con cuchillos y otros recursos para enfrentar al que tiene la pistola. Por otra parte, hay una fuerza que es moral y política y legitima porque tiene la voluntad de vencer. Sin una vanguardia con voluntad que conduzca políticamente no es posible hacer nada aunque se tengan todos los recursos disponibles. La correlación de fuerzas tiene etapas, ya lo explicaron ampliamente Lenin y Mao en su momento. No es necesario proponer la guerra de guerrillas clásica, no es el contexto histórico, pero ese concepto se puede aplicar en las luchas y movilizaciones populares urbanas hasta lograr cierto equilibrio de las fuerzas que permita imaginar una ofensiva estratégica en el manejo del Estado. Es importante ganar la elección pero más importante es saber qué hacer con ese poder.
​Ahora, la historia nos muestra que la violencia revolucionaria corre el riesgo de mimetizarse con el poder una vez alcanzado. Lo que nació para desafiar la opresión puede convertirse en una herramienta de conservación del nuevo régimen, cayendo en la misma estructura de control que pretendía destruir. O, peor aún, asociarse con el establishment que mantiene es status quo de violencia estructural. Esta tensión revela que la verdadera liberación, según el pensamiento de Eggers Lan, no consiste solo en cambiar a quienes mandan, sino en transformar la raíz ontológica de las relaciones humanas, es decir el ser humano sólo es posible a través del encuentro con el otro, con la Comunidad Organizada.